Qué tipos de máquinas de tattoo existen, cómo funcionan, y cuándo se inventaron son preguntas que quizás la mayoría de personas con tattoos no se hayan planteado. Por eso y porque es un tema que nos apasiona, os ofrecemos a continuación un brevísimo repaso, como iniciación en el mundo de las máquinas de tatuar.

Su pariente más antiguo es el Stencil-pen, ideado por Thomas Edison (el mismo que inventó la bombilla eléctrica), para acelerar el proceso de impresión y duplicar documentos con más rapidez. Samuel O’Reilly descubrió que, con algún pequeño cambio, el Stencil-pen podía usarse para introducir tinta en la piel, y patentó en 1981 la primera máquina de tatuar, basada en el sistema rotativo del Stencil-pen de Edison. Así, en plena revolución industrial, la electricidad también le dio la vuelta por completo al mundo del tattoo, hasta entonces una práctica completamente manual y bastante lenta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tan sólo 20 días después de la patente de O’Reilly, el británico Tom Riley inventó (aunque al parecer no patentó) una máquina de tatuar compuesta de una bobina y un sistema muy similar al de un timbre en un armazón de latón.

 

 

El sistema moderno de doble bobina fue finalmente patentado por el (también londinense) Alfred Charles South; una máquina tan pesada que a menudo se colocaba un muelle entre el techo y la parte superior del dispositivo con el fin de aligerar su peso.

 

 

Hoy en día existe una inmensa oferta de máquinas de tatuar, que pueden clasificarse en rotativas (con un motor eléctrico que mueve las agujas) y de bobinas (que funcionan gracias a un circuito electromagnético), de línea (que van más rápido para meter más tinta en una pasada y dibujar una línea dominante), de relleno (también usadas para línea y que funcionan a menos velocidad, provocando así una saturación de tinta mucho menor), y neumáticas (más ligeras y aptas para esterilizarse sin tener que desmontar sus piezas).

 

Máquina rotativa
Máquina de bobinas
Máquina neumática

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